Todo esfuerzo por parte de un cineasta para adentrarse en terrenos -géneros en este caso- que no son los suyos por naturaleza siempre es agradecido. Y esta sensación de agradecimiento va a mayores cuando se consigue un gran producto de una incursión de este tipo sin perder el sello del autor.

El problema con La piel que habito radica en la incompatibilidad natural entre el estilo del director Pedro Almodóvar y el género de la cinta, un thriller con tintes de cine de terror que, si bien tiene tramos de factura impecable y con una carga emocional más que patente, no sabe mantener el tono que exige este tipo de producción haciendo que la cinta se pierda por caminos que no debería ni rozar para resultar efectiva dentro de su terreno.

Si hay algo desconcertante en la cinta es la incapacidad de identificar si estos altibajos de tono son fruto de la mente de un Almodóvar que introduce ¿voluntariamente? momentos hilarantes que rompan con la sobria y asfixiante ambientación -de ser así, un error de grandes dimensiones que se permite al director siguiendo esa máxima que dicta “coge fama y échate a dormir”- o si, por otra parte, son el resultado de la incapacidad del manchego para dirigir una cinta de género.

Con una dirección de actores grotesca -en la que Antonio Banderas, de ser cohibido gestualmente ha acabado siendo una parodia del personaje en vez del “mad doctor” frío y calculador que seguro Almodóvar tenía en mente- queda claro que el director se ha movido por el mundo de los tópicos a los que ha intentado impregnar su sello personal, y eso no siempre funciona -atentos también al disparatado personaje y a la actuación de Marisa Paredes-.

Además, la planificación y puesta en escena, con tramos que rozan lo teatral -y otros lo brillante, insisto- no ayudan a levantar el conjunto. Mención especial a la persecución rodada con angulares y con la misma sensación de velocidad que una retroproyección de los años 40.

Si algo se salva de la quema es una Elena Anaya en estado de gracia y una dirección de fotografía -el aspecto más destacado de la cinta- que se mueve por terrenos radicalmente distintos según el tramo de la cinta; desde los tonos fríos y asépticos de la casa de nuestro protagonista, a los marrones y desaturados de la mazmorra.

La piel que habito es un intento de thriller que se le escapa de las manos a un director incapaz de controlar el género y que, de ser otro el firmante de la obra, le estarían lloviendo piedras y críticas destructivas constantamente.

Interesante en algunos de sus pasajes, decepcionante en conjunto.

6/10